Traducción: Las Trece Cartas (fragmento)
(Traducción de un fragmento del tercer capítulo, 'Compilation', en el fanfic de dropdeaddream y WhatAreFears, The Thirteen Letters)
I.
Qué no
hubiera dado hace tres años para verte tan sano como ahora, ese invierno cuando
casi te me mueres a la mitad de la noche por los ruidos que salían de tu pecho.
Pasé todo un mes muerto de miedo pensando que dejarías de respirar, y luego dos
semanas más preocupado de que la próxima vez que tosieras habría sangre en tu
mano, y te irías, así como así, igual que tu mamá hace unos años, que descanse
en paz. No creí que pudiera soportarlo, tener que enterrarte, incluso ahora
preferiría tragarme mi propia arma que verte muerto.
Los odio.
Los odio por lo que te hicieron. No creo que nunca lo entiendas. Es decir,
claro que me alegra ya no tener que preocuparme de que un viento demasiado
fuerte te tire al piso. Me alegra que ya no estés enfermo de los pulmones y que
no te duela cuando caminas demasiado tiempo. El exterior finalmente le hace
justicia al interior, y ahora todos (el mundo entero, supongo) puede ver de lo
que estás hecho. No es eso lo que me enoja.
Quizás sea
egoísta pero no te quería aquí, cuando me enviaron pensé, al menos está a
salvo. Incluso pensé, cuando haga que me maten, quizás eso lo convenza para que
deje de intentar enlistarse. Y eso era lo único bueno que tenía en la cabeza
cada vez que escuchaba disparar al enemigo, convencido de que no iba a recorrer
el camino de vuelta. Y qué si te ofrecías como voluntario, como dijiste.
Siempre has estado por tu cuenta. Siempre, pase lo que pase, has estado por tu
cuenta. No puedo negarte eso. Nunca lo intentaría, de todas formas. Pero en los
próximos días vas a ver muerte. Vas a ver la verdad del mundo y el infierno que
vive dentro. Así que sé honesto y contéstame: ¿No es eso solo cambiar una
enfermedad por otra?
II.
Me jodieron
de verdad, pero nunca quiero decirte cuánto. No lo haré incluso ahora, ni
siquiera pienso en esas cosas cerca de ti. Pero puedo decirte (solo porque
nunca verás esto, gracias a Dios) que cuando llegaste por mí pensé que
finalmente había muerto. Y luego supuse que era un truco. Me hicieron eso, me
hicieron pensar que estabas ahí. Me inyectaban algo, y luego de sentir cómo se
deslizaba por las venas bajo mi piel, te vería, o te escucharía, y diría tu
nombre como solía hacerlo. Sabes a lo que me refiero (ese apodo que odiabas, el
que todavía digo solo para hacerte enojar porque eres asombroso cuando lo hago,
la manera en que te sonrojas y algo sobre hacer que tu corazón se acelere).
Ese nombre,
lo decía una y otra vez. Al menos hasta que me daba cuenta de que seguían
haciendo sus pruebas, preguntando cómo me sentía, ¿duele cuando corto aquí?
¿Qué tal la planta del pie? Y entonces volvería a lo mismo, nombre, rango,
número. No creerías cuánto alemán aprendí en esa mesa. Fue una maldita clase de
idioma.
Ahora estoy
viajando contigo, matando a cualquiera que tenga una esvástica y llegue
siquiera a mirarte mal, y te diré, mis pies sangraron por tres días seguidos
después de que viniste por mí, nunca llegué a sentirlo.
Es así: Tú eras el mejor en mitología cuando éramos niños, y recuerdo un día que estuvimos leyendo sobre Ícaro. Lo recuerdas, sé que lo haces pero aun así te volveré a contar la historia. Ícaro fabricó unas alas hechas de cera para escapar de una prisión pero cuando estuvo afuera por primera vez en años, miró al sol, que se encontraba en lo alto del cielo, y pensó que era lo más hermoso que había visto nunca. Voló cada vez más y más cerca, y sus alas empezaron a derretirse, pero no le importó. Siguió volando hasta que ya no pudo, y probablemente sentía cómo sus ojos se quemaban, cómo su piel se quemaba, pero aún así no le importó. Cuando no quedaba nada más de sus alas, cayó miles de kilómetros hacia el océano y luego se abrió la cabeza con una roca, ese pobre imbécil. Y te diré una cosa: No soy mejor, no lo soy.
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