Dramaturgia - Final

Análisis dramático de Joe Keller en Todos eran mis hijos de Arthur Miller

Todos eran mis hijos es una obra teatral escrita por Arthur Miller, que, a pesar de ser estrenada en 1947 en el Teatro Eugene O’Neill, empezó a crearse desde 1943, cuando Miller tenía 28 años (Titone, 2018). La historia nació desde una necesidad de retratar las devastadoras consecuencias de la Segunda Guerra Mundial, en la cual Miller no participó activamente debido a una lesión en la rodilla, pero sí atestiguó el alistamiento de su hermano, Kermit, quien le mandaría cartas relatando la valentía y el sacrificio de los jóvenes bajo su mando (Titone, 2018). Además de las cartas de su hermano, Miller vio los efectos (físicos y emocionales) de la guerra durante los años que trabajaría como reportero, visitando hospitales y escribiendo las historias de los jóvenes, muchos de los cuales vivirían llevando las consecuencias de la guerra grabadas en sus cuerpos (Titone, 2018).

La historia de Todos eran mis hijos surgiría de una noticia que Miller leyó en el periódico, sobre una muchacha que denunció a su padre por haber fabricado partes defectuosas de aviones, eventualmente causando la muerte de veintiún pilotos (Titone, 2018). Para la creación de esta obra, Arthur Miller buscó retratar fielmente el contexto socioeconómico estadounidense después de la Segunda Guerra Mundial, pueden verse ramificaciones de la Gran Depresión, los espacios familiares sumidos en incertidumbre y pesar, al igual que una crítica al sueño americano y las implicaciones de buscar el lucro en tiempos de guerra.

La obra se estrenaría en 1947, con Elia Kazan como director por petición de Miller, pues durante los años habían formado una amistad basada en su afinidad política; esta relación terminaría cuando Kazan fuera interrogado por el Comité de Actividades Antiestadounidenses, donde delataría a los que fueron sus compañeros en el Partido Comunista a cambio de poder seguir trabajando (Franco, 2023). El cast principal estuvo compuesto por Ed Begley, Beth Merrill, Arthut Kennedy y Louis Wheeler, cuyas actuaciones, además de la dirección de Kazan, causarían que la producción fuera aplaudida por la mayoría de las reseñas. Si bien esta obra no recibió un reconocimiento unánime de la crítica, sí logró la aclamación algunos críticos influyentes (Franco, 2023).

Desde su producción original, la obra ha sido adaptada varias veces para radio, televisión o cine, de igual manera fue reestrenada en Broadway en 2008 y en Londres en 2010. Las adaptaciones al español empezaron en 1951, en España, donde sería representada en otras cuatro ocasiones. En México se estrenó en 1959, bajo la dirección de Seki Sano, cuya producción fue elogiada, pero también puesta en duda por la falta de actualización en los criterios morales al contexto mexicano de la época (Franco, 2023). La adaptación más reciente fue estrenada en 2023 y dirigida por Diego del Río, quien elige presentar la obra original con pocas modificaciones, pero con una ambientación minimalista y vestuarios más bien atemporales, son principalmente las actuaciones y los ejes temáticos de la obra los que conectan de manera orgánica con el público, que es muy consciente de lo que significa la desaparición de un hijo y la destrucción del núcleo familiar por el duelo y la culpa (Pasillas, 2023).

Uno de los personajes más importantes en Todos eran mis hijos es Joe Keller, el patriarca de la familia, quien fundó y sigue al mando de la empresa familiar, también es el responsable de desencadenar el conflicto. En su libro El arte de la escritura dramática, Lajos Egri (2009) discute que hay tres aspectos para analizar un personaje: fisiológico, sociológico y psicológico. Como la dimensión más obvia pone al nivel fisiológico pues “nuestra apariencia física influye en la forma en que vemos la vida. Y tiene una influencia infinita sobre nosotros mismos” (Egri, 2009). Al inicio de la obra Miller provee una descripción del personaje:

Keller ronda los sesenta. Es un hombre recio, duro de cuerpo y alma, que lleva bastantes años trabajando como empresario, pero aún conserva el aire de quien en otro tiempo fue operario y encargado de un taller. Cuando lee, habla o escucha, lo hace con la intensa concentración del inculto que todavía se maravilla ante cosas vulgarmente conocidas; es la clase de individuo cuyos criterios parten siempre de la experiencia y de un tosco sentido común. El hombre rudo por excelencia. (Miller, 2015)

Lo más importante, y lo primero con lo que se nos presenta a Joe Keller, es su edad, con sesenta años se convierte en un hombre que, a pesar de que está sano, ha envejecido, y aunque sigue dirigiendo su empresa, ya tiene en mente dejarle el mando a su hijo, Chris, quien ya es adulto y capaz de manejar las responsabilidades que conlleva. De igual forma, la fisiología de Keller revela una contradicción, pues su fisionomía y forma de comportarse no se ajustan del todo a su profesión, a pesar de ser un empresario exitoso, se le define como inculto y rudo.

La contradicción de su fisiología puede explorarse con otro de los aspectos que Egri postula como fundamentales: el sociológico. Es por esta característica que la discordancia no podría definirse como una incongruencia en la obra, pues en varias ocasiones Keller habla sobre la falta de oportunidades que tuvo durante su juventud:

En mis tiempos te hacías abogado o médico o te metías a trabajar en una fábrica, no había más […] Tendría que haberlo metido a trabajar a los diez años como yo y que se sacara las castañas del fuego él solito. (Miller, 2015)

Keller no tuvo el acceso a la educación que se esperaría de un exitoso empresario, pero su fortuna no radicó realmente en sus conocimientos financieros, sino en que su fábrica proveía de armas al gobierno estadounidense durante la Segunda Guerra Mundial. Generó su dinero lucrando del conflicto bélico más mortífero que había conocido la humanidad hasta el momento. Esto influye en el papel que juega dentro de su comunidad, pues a pesar de que todos lo piensan culpable de haber asesinado a los veintiún pilotos, habiendo mandado piezas defectuosas para los aviones a propósito, nadie se ha mantenido con una actitud hostil frente a Keller. Él conoce perfectamente que la gente con la que trata en su día a día no lo consideran un hombre inocente ni honrado, pero también sabe el poder que tiene ante ellos debido a su posición económica, así, lo vemos enfocar la narrativa a su favor:

Aquel día, hija mía, el hombre que venía por la calle era el más culpable del mundo. Sólo que no lo era, en el bolsillo llevaba una sentencia judicial para demostrarlo, así que servidor echó a andar… y pasó… por delante de un porche tras otro. ¿Y qué ocurrió? Que catorce meses más tarde ya estaba otra vez al frente de una de las mejores fábricas del Estado, otra vez era un hombre respetado; más importante que nunca. (Miller, 2015)

Sin embargo, incluso con todo el dinero que posee, no puede evitar los inevitables conflictos que surgen en su familia debido a la empresa que hizo todo posible. Por parte de su hijo, es posible ver una reticencia a notar los errores del padre, lo que al mismo tiempo pone una distancia entre ellos, a pesar de lo que Keller quisiera, su hijo no esta dispuesto a compartir o ignorar la culpabilidad de su padre. Desde el inicio, cuando se rehúsa amablemente a que la empresa lleve su nombre, hasta el final, en que decide entregar a su padre por el asesinato de los veintiún pilotos.

Por parte de su esposa, Kate, es posible notar un resentimiento que sólo se verbaliza hasta el final de la obra:

Tu hermano está vivo, hijo, porque si está muerto, es que tu padre lo ha matado. ¿Me entiendes ahora? Mientras tú vivas, ese hijo mío seguirá vivo. Dios no permite que un padre mate a un hijo. Lo entiendes ahora, ¿verdad? Ahora lo entiendes. (Miller, 2015)

La muerte de su hijo, Larry, ha quebrado la relación entre los esposos, Kate se encuentra en un estado emocional frágil, con el deseo de que todo se quede igual hasta que su hijo desparecido por fin regrese de la guerra. En contraste, Keller desea seguir adelante, todos sus planes para el futuro lo indican, como heredarle la empresa a su hijo y darle trabajo al socio que dejó cargar la culpa durante el juicio.

Sobre el tercer aspecto, Lajos Egri (2009) lo posiciona como el resultado de los dos anteriores, la psicología del personaje proviene directamente de su sociología y fisiología. A lo largo de toda la obra, Keller se muestra ansioso, tanto la amenaza de Chris de dejar la empresa como la visita de George son eventos que lo angustian, y a los cuales reacciona de manera similar, primero con una persuasión que de no funcionar provoca un ataque de ira, es entonces cuando se revelan ciertas partes que suele evitar mostrar.

La discusión de Chris termina cuando Keller accede a ayudarlo: “Está bien…, pero ni se te ocurra pensarlo. Porque, si no, ¿para qué he trabajado yo entonces? ¡Todo el tinglado este que he montado es tuyo, Chris, tuyo y sólo tuyo!” (Miller, 2015). Ahí la audiencia puede atestiguar que darle la empresa a su hijo no es un asunto de formalidad, es algo que Keller necesita hacer desesperadamente, de lo contrario, el crimen que cometió, y que confiesa después de la visita de George, recaerá únicamente en él.

Keller es, fundamentalmente, lo que su hijo denomina como un ‘hombre práctico’: “Prácticos son los gatos que pululan por este callejón o los zánganos que escurrieron el bulto cuando los demás luchábamos en el frente. Los únicos que no fueron prácticos son los muertos” (Miller, 2015). Los hombres prácticos son egoístas, son aquellos que eligen salvarse en lugar de salvar a otros, y eso es lo que hace Keller, quien para resguardar su empresa y su fortuna vendió las piezas defectuosas y responsabilizó de todo a su socio. Y aún así, la culpa lo carcome, es por esto por lo que tiene que convencerse de que hizo algo necesario, que Larry no piloteaba uno de los aviones que tenían las partes defectuosas y que defendería a su padre sin importar nada, que Chris va a heredar la empresa y usará el dinero para formar una familia, que la vida de su esposa es más fácil porque puede pagar una sirvienta.

Dentro de los intentos de Keller por justificarse a sí mismo, logra reconocerse dentro de un sistema capitalista, para el que las vidas de los jóvenes soldados no valen tanto como las posibles ganancias:

¿Acaso crees que en aquella guerra hubo alguien que trabajara a cambio de nada? El día que se trabaje por amor al arte, yo seré el primero. ¿Crees que despacharon algún arma o cargamento desde Detroit sin cobrar nada antes? ¿Es eso lo que tú entiendes por dinero limpio? Todo es cuestión de dinero; tanto en la guerra como en la paz, poco o mucho, se trata de ganar dinero, ¿qué hay limpio en esta vida? ¡Maldita sea, si medio país tendría que ir a la cárcel conmigo! Por eso no me puedes contestar. (Miller, 2015)

Sin embargo, de lo que Keller no se da cuenta es del daño que su crimen le ha provocado a su propia familia. Más allá de ser uno de los tantos hombres prácticos que existen, él es Joe Keller, el padre que dejó que veintiún pilotos murieran, jóvenes soldados que eran exactamente iguales a sus propios hijos, y cuyas familias han quedado deshechas. No hay dinero que pueda devolverle la felicidad a su esposa, ni a sus hijos la idea que tenían de él, es justamente esto lo que Chris reconoce con su respuesta a la justificación de Keller:

Yo sé que no eres peor que los demás, pero te creía mejor. Yo no te veía como un hombre cualquiera. Eras mi padre. (Con voz entrecortada). ¡Ahora ya no puedo verte con esos ojos, no puedo verme a mí mismo!

Referencias

Egri, L. (2009). El arte de la escritura dramática: Fundamentos para la interpretación creativa de las motivaciones humanas. Centro Universitario de Estudios Cinematográficos.

Franco, E. L. (2023). Teatro: «Todos eran mis hijos», de Arthur Miller. Proceso. https://www.proceso.com.mx/cultura/2023/8/3/teatro-todos-eran-mis-hijos-de-arthur-miller-312033.html

Miller, A. (2015). Teatro reunido. Tusquets Editores.

Pasillas, I. (2023). Todos eran mis hijos - review. El Aquelarre. http://www.elaquelarre.com.mx/el_aquelarre_reviews/todos-eran-mis-hijos-review/

Titone, N. (2018). The Genesis of All My Sons. Court Theatre. https://www.courttheatre.org/about/blog/the-genesis-of-all-my-sons/



09/06/25

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