Ensayo contemporáneo hispanoamericano - Ensayo 1
(Ensayo porque hice un coraje)
Sobre el idioma español
Hace unas semanas veíamos un término en clase, el
‘reparto de lo sensible’ de Jacques Ranciere, un sistema de poder que, de
manera inadvertida, fija la manera en que nuestra sensibilidad funciona. “Los
actos estéticos como configuraciones de la experiencia”, dice Ranciere, “que
dan lugar a nuevos modos de sentir e inducen nuevas formas de subjetividad
política”, el problema son las reglas implícitas sobre las formas de hacer, que
determinan el nivel de visibilidad y, por lo tanto, las formas de sentir.
Cualquiera tiene derecho a padecer lo que desee, ¿cierto? Nuestra subjetividad
es tan libre como propia, sin embargo, ¿qué pasa al momento de querer expresarla?
Muy bien, hazlo, ¿ensayo, artículo o texto literario? ¿será una historia corta
o larga? ¿en verso o en prosa? No, eso no es correcto. No, eso no se puede. No,
eso no es literatura. ¿Me explico? Para la forma en que se habla sobre la
creatividad humana, hay caminos muy trazados y muy inevitables. Siete bellas
artes, siete funciones del lenguaje y veintisiete letras en el abecedario.
Elige. Así, las reglas implícitas se nos graban hasta que no podemos ver
ninguna otra posibilidad, ahora la subjetividad no parece tan autónoma, ¿no es
así?
Me gusta pensar en las reglas como una etiqueta de
validación social, porque no nacen espontáneamente, no son realmente
indispensables y tampoco se aplican de manera igualitaria, todo depende del
sujeto en cuestión. Tomaré un ejemplo del que ya se ha hablado mucho, quizás
hasta el cansancio, Emilia Pérez es un musical francés que habla sobre
problemáticas mexicanas como el narcotráfico, la corrupción y las
desapariciones. De lo cuestionable de la trama no hablaré, porque si soy
honesta no he visto la película, sólo quiero enfocarme en un detalle en
particular: el idioma, ¿por qué, siendo su producción casi enteramente
francesa, eligieron el español? El director dijo: "El español es un
lenguaje de países modestos, de países en desarrollo, de pobres y
migrantes", ya después aclaró que amaba el español, que escogió el idioma
porque quería hacer una película internacional, la otra opción era el inglés,
el resto es historia. Siento yo que sabía muy bien lo que hacía, su película ha
roto tantos récords en la temporada de premios porque resulta que, de boca de
un francés, un idioma de pobres y un país tercermundista son una combinación buenísima;
la mala pronunciación y el diálogo torcido de manera poco natural son detalles
insignificantes, porque los jueces de los premios no hablan español, no notan lo
mucho que rechina el lenguaje en los oídos de los hispanohablantes, para ellos
la elección del idioma es algo nuevo y audaz, tan extraño como exótico.
¿Ven hacia dónde voy? Todo es gracias al sujeto
adecuado, porque sólo ellos pueden existir en ese tipo de espacios, porque
miran de la manera admisible. El resto de las narrativas mexicanas únicamente
reciben el ocasional cumplido, o la sonrisa incómoda de quien no entiende, o el
silencio para quien no es bienvenido. En el artículo Pijos contra el idioma
español, del que sólo puedo leer el encabezado, porque es únicamente para
suscriptores, se lee: “La nuestra no es una lengua de pobres. La ultraderecha y
los generadores de bulos que trabajan en favor de nuestros millonarios insultan
en perfecto castellano”. Pero lo es, es un idioma de pobres y migrantes y
conquistados y morenos, porque nosotros existimos en ella, la llevamos dentro y
la moldeamos para expresar la complejidad y belleza de nuestro país
tercermundista.
Lo que no es nuestro son esos premios, cuyos jueces
recompensan una película que no entiende la lengua que consume, déjenlos con
sus estatuillas vacías y sus títulos insignificantes, no tienen la subjetividad
para entender la belleza del español, ni la intención de hacerlo. Nuestro
lenguaje de pobres no necesita de su carencia, nunca lo ha hecho.
16/02/25
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