Literatura latinoamericana - Altazor
(Guión para una exposición que solo habla sobre la mitad de la obra de Huidobro)
Datos generales
Altazor es una obra dividida en 7 cantos, el primer y
el último canto están escritos con versos libres, sin rima ni medida fija; los
demás cantos tienen una estructura más regular y una rima interna. En general,
el libro no se apega a los signos de puntuación, hay signos de exclamación y de
interrogación, hay puntos y paréntesis, pero no hay comas, lo cual deja un
espacio para la ambigüedad y provoca que el ritmo sea más llevado por los
versos y la entonación que las personas decidan darle, como en la antigüedad.
Hay mención de espacios y lugares, pero no se queda
con alguna durante mucho tiempo, prefiere sólo nombrar diferentes objetos
(motores y aeroplanos) y dejar libres las asociaciones que haga el lector, mientras
más avanza el texto, más parece alejarse de las referencias históricas.
Cuenta con muchas figuras literarias: como metáfora,
símil, anáfora, hipérbaton, retruécano, elipsis, epíteto, oxímoron, antítesis, aliteración,
pregunta retórica, entre otras. Todas las figuras literarias van dirigidas a la
formación de una imagen, la cual se favorece por sobre la métrica, declarando
así una autonomía del lenguaje respecto a los elementos formales. Llega hasta
tal punto que puede considerarse que hay una saturación de todas las imágenes
posibles, pero Huidobro busca que sean diferentes a las que nos proporciona la
cultura, pues la poesía no tiene la misión de responder a preguntas explícitas.
Con Altazor, Vicente Huidobro se establece como un ‘Alquimista
verbal’, retratando lo etéreo como tangible.
El personaje de Altazor es un rey, destinado a
desencadenar la trama, emprende un viaje en paracaídas que se caracterizará por
su carácter azaroso, lo que implica una aventura, pero también implica una
caída. El paracaídas es una imagen moderna, y significa salvarse de una caída. Altazor
es establecido desde el prefacio como un poeta. Altazor es una contracción de “Alto
azor”, por lo que el pájaro y figuras que se le relacionen se entrelazan con el
poeta.
Es muy importante hacer cuenta de la discontinuidad
del discurso, pues fue escrito en diferentes épocas.
Canto I (La caída sin vértigo)
Altazor empieza su caída, ha perdido la serenidad que
necesita un rey, la duda (mar) pasa por sobre los sueños
“Altazor ¿por qué perdiste tu primera serenidad?
¿Qué ángel malo se paró en la puerta de tu sonrisa
con la espada en la mano?
¿Quién sembró la angustia en las llanuras de tus ojos
como el adorno de un dios?
¿Por qué un día de repente sentiste el terror de ser?
Y esa voz que te gritó vives y no te ves vivir
¿Quién hizo converger tus pensamientos al cruce de
todos los vientos del dolor?
Se rompió el diamante de tus sueños en un mar de
estupor
Estás perdido Altazor
Solo en medio del universo
Solo como una nota que florece en las alturas del
vacío
No hay bien no hay mal ni verdad ni orden ni belleza
¿En dónde estás Altazor?”
Se usa la pregunta retórica como figura literaria.
Hay una ambigüedad en el narrador, no queda claro si
hay dos narradores o si es Altazor hablándose a sí mismo
“Piensas que no importa caer eternamente si se logra
escapar
¿No ves que vas cayendo ya?
Limpia tu cabeza de prejuicio y moral
Y si queriendo alzarte nada has alcanzado
Déjate caer sin parar tu caída sin miedo al fondo de
la sombra
Sin miedo al enigma de ti mismo
Acaso encuentres una luz sin noche
Perdida en las grietas de los precipicios
Cae
Cae eternamente
Cae al fondo del infinito
Cae al fondo del tiempo
Cae al fondo de ti mismo
Cae lo más bajo que se pueda caer
Cae sin vértigo”
Se ve el contraste durante todo el texto, por ejemplo,
al inicio hay una diferencia entre el discurso de un párrafo y otro (uno está
sumido en la desesperación de la caída, el otro busca guiarlo y enseñarle el
camino). La figura literaria es la anáfora.
En este canto se establecen algunas figuras que se
usarán a lo largo del texto: “mar antropófago”, el mar es misterio, dueño de
los que han naufragado, el mar es una imagen que se extiende a través de toda
la obra, y es una especie de antítesis de los cielos, donde Altazor vuela, el
mar es un misterio que domina al planeta.
Se hace referencia a la religión cristiana y se
descarta en mismo párrafo, argumentando que no ha resuelto ningún problema,
pero que su ausencia dejará un vacío.
Hace una referencia histórica a la primera guerra
mundial, expresando su disgusto por la pérdida de tantas vidas humanas y su
empatía por el dolor de aquellos que salieron con vida.
(Contraste) Hay una lucha interna entre permanecer
igual que siempre y cambiar la suerte, entre entregarse al pensamiento de que
la vida es fútil y animarse a aprovechar el ahora, pero a pesar de que la voz
poética parece querer elegir la mejor opción, tiende a recaer en sus
pensamientos más pesimistas.
“¿Qué has hecho de mí Vicente Huidobro?
Se me cae el dolor de la lengua y las alas marchitas
Se me caen los dedos muertos uno a uno
¿Qué has hecho de mi voz cargada de pájaros en el
atardecer
La voz que me dolía como sangre?
Dadme el infinito como una flor para mis manos
Seguir.
No. Basta ya
[…]
Eres tú el ángel caído
La caída eterna sobre la muerte
La caída sin fin de muerte en muerte
Embruja el universo con tu voz
Aférrate a tu voz embrujador del mundo
[…]
En mi propia tempestad
Desafiaré al vacío
Sacudiré la nada con blasfemias y gritos
Hasta que caiga un rayo de castigo ansiado
Trayendo a mis tinieblas el clima del paraíso”
El pesimismo eventualmente lleva a la ira y, en un
momento meta ficcional, Altazor termina reconociendo a su creador, sabe que
existe gracias a él, lo acepta como su Dios, y como tal, lo maldice por haberlo
hecho caer, y se rehúsa a seguir sufriendo. El anhelo de eternidad y certeza (“Dadme
una certeza de raíces en horizonte quieto / Un descubrimiento que no huya a
cada paso”) lucha contra la liberación del olvido, considera que sólo podría
conservar su ilusión renunciando a la inteligencia y a la conciencia (“La
conciencia es amargura / La inteligencia es decepción”). Aún así, la ira no
remite, sino que trae más angustia, más preguntas a las que no podrá tener una
respuesta. Esta lucha también es parte del contraste que caracteriza a este
canto.
Eventualmente, sin embargo, lo que parece consolar a
Altazor es pensar en el futuro, describiendo la imagen de unos anillos
alrededor de la tierra como los anillos de Saturno para exponer su deseo de
trascender sobre lo banal, sobre las limitaciones cotidianas. Así, Altazor
termina encontrando consuelo en la creación, viéndola como una forma de poder
controlar su destino. Altazor se establece como un poeta.
“Matad al pesimista de pupila enlutada
Al que lleva un féretro en el cerebro
Todo es nuevo cuando se mira con ojos nuevos
Oigo una voz idiota entre algas de ilusión
Boca parasitaria aún de la esperanza”
Altazor encuentra una renovación, reflejando la
creación poética con la vida y la esperanza.
“Silencio
Se oye el pulso del mundo como nunca pálido
La tierra acaba de alumbrar un árbol”
En este canto se explora la idea de que el poeta,
aunque tenga un destino, es capaz de habitarlo, no es sólo pasajero, a partir
de una interposición de imágenes muestra como el poeta (y el humano) se
disuelve en ellas.
Canto III (La palabra busca a la palabra)
Iniciando este canto se tienen parejas de versos, en
los cuales se expresan diversas dualidades, a sea de transformación, de ruptura
o de fusión, expresa cómo es que las cosas pueden convertirse en algo nuevo,
liberándose de lo anterior.
“Cadenas de miradas nos atan a la tierra
Romped romped tantas cadenas
[…]
La flor se comerá a la abeja
Porque el hangar será colmena
El arco-iris se hará pájaro
Y volará a su nido cantando
[…]
Y el árbol se posará sobre la tórtola
Mientras las nubes se hacen roca”
Son en las siguientes estrofas que se revela la razón
de estas dualidades. En este fragmento en específico se repite tanto la palabra
que, de alguna manera, pierde el sentido.
“Matemos al poeta que nos tiene saturados
Poesía aún y poesía poesía
Poética poesía poesía
Poesía poética de poético poeta
Poesía
Demasiada poesía”
Este canto es una crítica llena de ironía sobre la
sobresaturación de la poesía tradicional (algo que se alinea con las teorías
creacionistas), así es como Huidobro nos introduce a la cadena de símiles que
le siguen, y aunque cada una crea una imagen diferente, todas tienen la misma
estructura, una palabra se utiliza en un siguiente de una manera que deja claro
que podría seguir para siempre. Su objetivo es causarle un sentimiento de
exasperación al lector para probar lo cansado y mecánico que puede volverse un
sistema que ha sido sobre utilizado.
“Repicar trigales como campanas
Desangrar campanas como corderos
Dibujar corderos como sonrisas
Embotellar sonrisas como licores
Engastar licores como alhajas
Electrizar alhajas como crepúsculos
Tripular crepúsculos como navíos
Descalzar un navío como un rey
Colgar reyes como auroras
Crucificar auroras como profetas
Etc. etc. etc.”
Expresando su crítica, Huidobro también da su
respuesta, pues las lenguas están muertas, pero pueden ser resucitadas.
“Agoniza el último poeta
Tañen las campanas de los continentes
Muere la luna con su noche a cuestas
El sol se saca del bolsillo el día
Abre los ojos el nuevo paisaje solemne
Y pasa desde la tierra a las constelaciones
El entierro de la poesía
Todas las lenguas están muertas
Muertas en manos del vecino trágico
Hay que resucitar las lenguas
Con sonoras risas
Con vagones de carcajadas
Con cortacircuitos en las frases
Y cataclismo en la gramática”
Canto V (La búsqueda de la Flor Alquímica)
Este canto inicia con una búsqueda, una exploración de
la flor como símbolo de la perfección y de la unidad. Y a pesar de que en un
momento se dice que sabe la ubicación de esta flor, después llega a
contradecirse, diciendo que nadie nunca ha visto su rostro. Con referencia al
título, un alquimista es quien busca regresar a su naturaleza auténtica, pero
también puede relacionarse a la idea de convertir algo de poco valor en algo
estimado (ambos los busca Huidobro con el creacionismo).
“Aquí
comienza el campo inexplorado
[…]
¿Conoces
tú la fuente milagrosa
Que
devuelve a la vida los náufragos de antaño?
¿Conoces
tú la flor que se llama voz de monja
Que
crece hacia abajo y se abre al fondo de la tierra?
[…]
Ningún
navegante ha encontrado la rosa de los mares”
Otro elemento que resaltar es el de las combinaciones
de palabras, como en el canto pasado, sin embargo, conforme pasa el canto,
estas combinaciones se vuelven cada vez más crípticas, ya no es el intercambio
entre dos palabras, sino entre más, sin que tengan que estar en la misma
oración.
“La montaña y el montaño
Con su luno y con su luna
La flor florecida y el flor floreciendo
Una flor que llaman girasol
Y un sol que se llama giraflor
[…]
Soy todo montalas en la azulaya
Bailo en las volaguas con espurinas
Una corriela tras de la otra
Ondola en olañas mi rugazuelo
Las verdondilas bajo la luna del selviflujo
Van en montonda hasta el infidondo”
También está la utilización de sustantivos en vez de
verbos, utilizando la concepción general de dicho objeto para que el mensaje de
la acción quede lo suficientemente claro. Cabe resaltar el uso del árbol que
hemos visto en los cantos anteriores.
“La cascada que cabellera
sobre la noche
Mientras
la noche se cama a descansar
Con
su luna que almohada al cielo
Yo
ojo el paisaje cansado
Que
se ruta hacia el horizonte
A
la sombra de un árbol naufragando”
A través de este canto, Huidobro sigue su con sus
vivas imágenes, en este canto especialmente remarca su uso constante de
menciones al mar (que, como ya se ha dicho, representa de alguna manera el
misterio y la contraposición de Altazor). Otra característica que se repite es
la insistencia de Altazor de ser que él es el rey, que busca a todo su
alrededor algo que le ayude a reconciliarse con la idea de la muerte.
El aliento se
corta y el vértigo suspenso
Hincha
las sienes se derrumba en las venas
Abre
los ojos más grandes que el espacio que cabe en ellos
Y
un grito se cicatriza en el vacío enfermo”
Lo que distingue a este canto es la larga procesión de
los molinos, con 190 variantes que juegan con la percepción de los lectores a
través de la metonimia, cabe resaltar que todas las variantes involucran una
palabra grave, por lo que, en medio del movimiento constante, hay un patrón. El
final podría ser un guiño al Quijote.
“Molino de viento
[…]
Molino del portento
[…]
Molino en fragmento
[…]
Molino con talento
[…]
Molino para aposento
[…]
Molino como ornamento
[…]
Molino a sotavento
[…]
Molino que invento
[…]
Molino lento
[…]
El paisaje se llena de tus locuras”
Canto VII (Los sonidos puros)
En este canto el lenguaje se descompone y se recombina
de manera caótica, pueden identificarse combinaciones de palabras, pero en
general se renuncia a un significado específico para enfocarse en los sonidos,
tejiendo una canción abstracta a base de los sonidos básicos, las vocales. Aunque
también puede pensarse en el nacimiento de un lenguaje anti-poético de las
cenizas del desmembramiento del lenguaje anterior. Tal como Altazor, el
lenguaje cae, pero es de esta caída que brota la creación.
“Ai aia aia
ia ia ia aia ui
Tralalí
Lali lalá
Aruaru
urulario
Lalilá
Rimbibolam lam lam
Uiaya zollonario
lalilá
Monlutrella monluztrella
lalolú”
Arte poética
“Que el verso
sea como una llave
Que
abra mil puertas.
Una
hoja cae; algo pasa volando;
Cuanto
miren los ojos creado sea,
Y el alma del oyente quede temblando.
Inventa
mundos nuevos y cuida tu palabra;
El adjetivo, cuando no da vida, mata.
Estamos
en el ciclo de los nervios.
El
músculo cuelga,
Como
recuerdo, en los museos;
Mas
no por eso tenemos menos fuerza:
El
vigor verdadero
Reside en la cabeza.
Por
qué cantáis la rosa, ¡oh Poetas!
Hacedla
florecer en el poema;
Sólo
para nosotros
Viven todas las cosas bajo el Sol.
El
Poeta es un pequeño Dios.”
En la tercera estrofa se le explica que la fuerza
física es cosa del pasado, la verdadera fuerza viene de la mente, de la cabeza.
A través de todo el poema se hace aparente que está dando instrucciones o
enseñándole a alguien, es hasta la cuarta estrofa que dice explícitamente a
quién se dirige: el poeta. En las últimas tres estrofas anima a los poetas a no
simplemente definir qué es una rosa, sino a plasmarla como un capullo que se
abre dentro de sus versos, pues todas las cosas están ahí para ellos, y todo
pueden plasmarlo porque son como ‘un pequeño Dios’, es decir, un ser capaz de
crear.
Este poema usa figuras literarias como metáfora,
símil, personificación, quiasmo (inversión del orden de las palabras),
aliteración y metonimia.
Este poema está relacionado con Altazor porque
comparte algunas de las ideas centrales de esta obra y en general del
creacionismo, se asemeja al tercer canto, con este desapego de lo tradicional
que ya ha causado fatiga y la búsqueda de algo nuevo, y empujar al poeta a innovar,
pero sobre todo a darse cuenta del poder que tiene como creador, lo califica
como Dios porque puede darle a la lengua el brillo que ha perdido.
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