Literatura Mexicana Contemporánea - Reseña

 (Firmado bajo un pseudónimo)

Quimera

El libro vacío de Josefina Vicens

¿Responderías si alguien te preguntara por tu más grande anhelo? ¿Te conocerías lo suficiente para saber cuál es? ¿Si es que podrías alcanzarlo? ¿O si aunque sea te atreverías a intentar?

            Para José García, protagonista de El libro vacío, este anhelo inicia con la escritura, después de años queriendo intentar, ha decidido empezar a anotar todas sus ideas en un cuaderno, para después rescatar los mejores fragmentos y pasarlos a una segunda libreta. El objetivo de este sistema es deshacerse de las ideas fútiles, confiando que eventualmente pueda crear con un relato que merezca ser leído. El problema es que, sin importar lo que haga, nada le satisface, todas las historias que tiene son vulgares, cuando no insignificantes. Así, José García entiende que ya no hay nuevas ideas, todo se ha inventado y él, desde una existencia mediocre, no tiene nada digno de añadir.

            Al intentar dominar sus palabras, García termina plasmando sus reflexiones sobre el acto de escribir, especialmente de la artificialidad que no puede ignorar, queriendo moldear las historias, les arrebata su vitalidad, tratando de expresar sus pensamientos, los llena de pedantería. De igual manera, estas cavilaciones sutilmente cuestionan cuáles son las historias que merecen ser narradas, en un mundo lleno de expectativas sobre qué y cómo se debe de escribir, ¿qué podrían aportar aquellos sin un conocimiento extraordinario o un talento excepcional? Los conflictos cotidianos no parecen tener nada que ofrecer en comparación a las grandes obras que García anhela crear, sin embargo, aún sintiendo a una terrible insatisfacción, se resigna a seguir escribiendo.

            Ante este panorama tan desalentador, José García se dice lo que después reconoce como una mentira: no escribe para otros, sino para sí mismo. Es así como empieza a relatar más acerca de la complicada relación con su familia, que suele ser caracterizada por el contraste, aunque los ama, sigue sintiéndose profundamente descontento. Las divisiones continúan a lo largo de toda la novela, entre el primer y el segundo cuaderno, el respeto a su esposa y la validación a su amante, el deseo de escribir y la imposibilidad de llenar su cuaderno vacío. Poco a poco se construye la identidad de José García que, en muchas ocasiones, puede verse como un espejo de la propia autora, Josefina Vicens.

El libro vacío fue publicado en 1958, y sus temas metaficcionales difieren grandemente de aquellos encontrados en la novela de tierra (situada en lo rural y lo costumbrista) que todavía estaba en apogeo. Es fácil ver en García las dudas de una autora primeriza, que se pregunta si su escritura sería suficiente ante la sombra de novelistas como Rulfo y Fuentes. Así, el frustrado anhelo y la compleja cotidianidad se vuelven los medios que Josefina Vicens utiliza para explorar la finalidad de la escritura.

En su ensayo, Humanidad y capacidad literaria, George Streiner, dice que “toda gran escritura brota de le dur désir de durer”, todo acto de expresión literaria proviene del anhelo de permanecer. Pero ¿qué sucede cuando la gran escritura se encuentra fuera de tu alcance? ¿Tienes todavía el derecho de querer persistir? Josefina Vicens construye la ‘nada’ de José García, queriendo desesperadamente llenar las hojas vacías que seducen y rechazan en el mismo aliento; así, mientras la división entre Vicens y García se difumina, lo único que queda es la separación entre ellos y nosotros, entre aquellos que crean y aquellos que reciben. Al dirigir nuestra mirada a esta hueca ilusión, El libro vacío nos invita a observar aquellos sueños que esperan, inquietos, dentro de nosotros.



15/05/24

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