Literatura Mexicana Contemporánea - Parcial
(Ensayo firmado bajo otro pseudónimo)
Eduviges Dyada
Primer ensayo parcial
La literatura mexicana suele ser reconocida por sus
grandes obras, Pedro Páramo, La región más transparente y El
luto humano son algunos ejemplos de lo que suele verse como un catálogo
sobresaliente. Sin embargo, es cierto que había una homogeneidad en los temas y
los personajes que utilizaban, las historias trataban, con un tono serio, de
problemáticas sociales y políticas, con adultos como centro de todo relato o
crítica. Esta solemnidad era la norma hasta el surgimiento de la literatura de
la onda la cual, con obras como La tumba de José Agustín, Gazapo
de Gustavo Sainz y Pasto verde de Parménides García Saldaña, se
encargaría de experimentar con la estructura, el lenguaje y las temáticas que
se exploran en sus textos. Estos cambios pueden presentarse al retomar un tipo
de personaje que antes se concebía como secundario: el adolescente; sin
embargo, aun perteneciendo a la misma corriente literaria, estas tres novelas
difieren mucho en cómo presentan la juventud de sus protagonistas y, en
consecuencia, su crítica social.
Para este ensayo se utilizará
la metodología de la literatura comparada, que se basa en contrastar una
narración con otra (o con otras formas artísticas), en busca de una comprensión
más amplia y completa de la literatura (Enríquez Aranda, 2010). La elección de
esta metodología es pertinente debido a que las tres obras son representativas
de la literatura de la onda, publicadas con tan sólo unos años de separación, comparten
rasgos significativos, sin embargo, los resultados varían enormemente, a raíz
de estas diferencias podrían determinarse diferentes variantes de un mismo
pensamiento base.
En su artículo La
literatura de la onda y sus repercusiones, Ignacio Trejo Fuentes (2001), la
define como una categoría creada por Margo Glantz, alrededor de 1960, que a su
vez hace referencia a una expresión de los adolescentes capitalinos, la ‘onda’
y determinar quién la tenía desemboca una búsqueda de identidad, al igual que
manifestaciones de rebeldía, inconformidad y descontento. En la literatura esta
‘onda’ se refleja de varias formas, principalmente, el destacar la figura del
adolescente, con toda su vitalidad e irreverencia; otra característica sería
una fuerte experimentación con el lenguaje y la estructura de la novela,
rompiendo los patrones coherentes que solían esperarse. A pesar de que los
críticos recriminan la aparente banalidad que permea las novelas, Trejo resalta
que los autores de la ‘onda’ coinciden con un momento social complicado, en el
que los jóvenes empiezan a encontrar sus voces para protestar contra las reglas
impuestas por costumbre, contra las decisiones políticas de gobiernos
autoritarios, o contra los tabúes morales y religiosos; es a estos jóvenes a
quienes se retrata y a quienes se dirige esta literatura.
Algunas características que
vinculan a La tumba, Gazapo y Pasto verde son aquellas
esperadas de la ‘literatura de la onda’, la narrativa juvenil y experimental,
que en varios casos implican humor, ironía y un enfoque mayor con la forma que
con el contenido. Sin embargo, las distinciones de las tres obras son
suficiente para marcar claras diferencias entre ellas, un ejemplo muy notorio
es el tratamiento de los protagonistas, Gabriel, Menelao y Epicuro.
Gabriel Guía, protagonista de La
tumba, es un chico capitalino de clase alta, la educación que tuvo y la
negligencia de sus padres le causaron una personalidad sumamente sarcástica,
que tiende a utilizar los términos de la cultura académica, pero más que nada
para subvertirlos de manera humorística. Guía, a pesar de sentir cierto
distanciamiento, participa en actividades de su círculo social: pertenece a una
comunidad literaria, convive con jóvenes de su edad, tiene amigos y parejas
que, si bien no están exentos de hostilidad, sí lo incorporan al mundo que lo
rodea. En el siguiente fragmento se vislumbra estas características:
Entonces redactó la orden del
día, en cuyos puntos figuraba la admisión de Gabriel Guía (yo, para ser más
preciso). Se leyó una carta de Herr Kafka, pero no atendí al lector: su voz era
una apetecible invitación al estrangulamiento (Agustín, 1964).
A pesar de que, conforme avanza la novela, Gabriel se
distancia cada vez más del mundo exterior, su narración es la que tiene una
estructura y un lenguaje más ‘tradicional’ entre las tres, hay una
incorporación del inglés, como indicio de una búsqueda de identidad y
modernidad, y una imprecisión en la división de la trama, aunque es fácil notar
la existencia de un conflicto y de una resolución. Así es cómo se usa la figura
del adolescente, sin embargo, ¿cuál es el propósito de esta figura? Puede verse
en la novela de José Agustín el atisbo de una crítica social, pero más insinuada
que dicha de manera explícita. Se menciona la negligencia de los padres, el
fallo de su matrimonio, la falta de interés de los adultos por cualquier cosa
que no sean las buenas costumbres, pero Gabriel, ante la indignación que le
provocan, reacciona con sarcasmo e indiferencia, negándose a darles relevancia
a sus reclamos.
El techo. Azul triste, sin
manchas. Desolación. Estuve así largo rato, sin levantarme. Mi madre aún no me
felicitaba. Papá, dinero. Día nublado. La casa silenciosa. […] —¡Eres un
desvergonzado!, el que fuera tu cumpleaños no te daba derecho de convertir la
casa en un prostíbulo. ¿Quién te crees ser?, no mereces lo que hacemos por ti;
tu madre y yo no nos hemos divorciado sólo por ti.
Yo pensaba
frases como qué penoso, don’t say, divórciense, tarareando la Danza del sable.
Mi padre me dejó por imposible y yo subí a la recámara para oír El Lohengrin y
para seguir escribiendo mi novela. (Agustín, 1964).
Por otra parte, Gustavo Sainz retrata a su
protagonista, Menelao, como un adolescente menor de edad, que es parte de la
clase media y tiene una relación complicada con su padre y su madrastra. De
manera particular, Menelao puede considerarse más rebelde que Gabriel, su
descontento no sólo queda en palabras, sino que lo orilla a tomar decisiones
significativas, como mudarse de la casa de sus padres; también es más
inquisitivo, más conciso y directo en las razones de su rebeldía.
Probablemente lo más
importante de Menelao no sea él como individuo sino como parte del grupo que
conforma, Rodríguez Hernández (1997) habla sobre el dialogismo de la novela, que
se demuestra con la enfatización en las interacciones de los personajes a
través del diálogo, pero a diferencia de la forma tradicional, no se especifica
quién está hablando, es una fragmentación de voces que termina dando lugar a
una difuminación entre los personajes. La narrativa de Menelao es, en esencia,
una crónica de sus días de juventud, pero, a diferencia de La tumba, el
dialogismo y la difuminación ponen en duda la autenticidad de los hechos
narrados; la narración es inconsistente: el tiempo de la novela salta de un
conflicto a otro de manera rápida, se relatan sucesos a detalle incluso cuando
Menelao no estuvo presente, y se añaden grabaciones, testimonios y pasajes de
diarios en muchas ocasiones. Estas características pueden verse en varios
pasajes, como:
Rieron, pienso […] Servían la
mesa y los invitaron a desayunar. No sé si aceptaron. Vulbo no me lo dijo. […] Llevaba
el diario de Gisela y el mío. Los leía comparándolos […] La cinta dice que yo
leía. Y en el diario se lee: (Sainz, 1965).
Gustavo Sainz también utiliza
la figura del adolescente para hacer una crítica a su época, sobre todo a las
figuras parentales, pues, a pesar de ser menores de edad, los protagonistas
prácticamente viven en un estado (casi total) de independencia, e incluso
cuando están presentes los padres, no significa que cumplan su papel de enseñar
a los jóvenes sobre temas como la sexualidad; así, las figuras parentales, en
caso de que se presenten, lo hacen como una fuerza invasora, cuando no un
obstáculo para los personajes principales. Cabe resaltar que, a diferencia de La
tumba, las situaciones que reprocha el autor se presentan de manera
explícita, por ejemplo, el siguiente extracto:
Condensé nuestra conversación.
[…] a) Él salió un día de excursión y yo tuve un disgusto con Madhastra: quiso
pegarme, lo intentó. […] b) Madhastra siempre se las arregla para meterse en
mis asuntos. […] Leía mi diario y tenía el descaro de subrayar las partes que
le parecían interesantes […] c) Una noche, después de una discusión, amontoné
mi ropa y otras cosas en la orilla de mi cama. […] Él bajó al garaje a discutir
con Madhastra. Subió y dijo que no podía llevarme, que lo sentía mucho […] d)
Mi madre me contaba cosas terribles de Madhastra. Hizo que ella y papá se
divorciaran (Sainz, 1965).
Respecto a Pasto verde, Epicuro es
probablemente el protagonista que más se diferencia de los demás, pues lleva el
distanciamiento y la rebeldía antes vistas a un nivel más extremo que Gabriel y
Menelao. Epicuro es un joven mayor de edad, perteneciente a la clase media
alta, con una personalidad inquisitiva y volátil, por lo que no se restringe al
mostrar su inconformidad con la sociedad que lo rodea, pero lo hace de una
forma muy irónica, ridiculizando en muchas ocasiones a aquellos que no
comparten sus puntos de vista. La relación de Epicuro con otros siempre tiene
consigo una lejanía, ya sea con su familia, su pareja o sus compañeros, el
protagonista encuentra en ellos la representación de un sistema autoritario, de
una amenaza. En el siguiente fragmento se encuentran dos instancias:
Sabiendo que sus pinches
vibraciones no tolero no sé qué viene a hacer este güey a mi modesto cuarto
budista digo siempre es así muy calmado y muy amable pero es un cerdo el
desgraciado que está lleno de veneno […] —Qué cotorreada, creen los pendejos
que me voy a casar con su pinche araña, ya parece que mi papá va a aceptar que
me case con una araña, y si quieren lana, pura madre (García Saldaña, 1968).
La personalidad volátil de Epicuro se refleja muy bien
en su narrativa, un flujo de conciencia que muy seguido rompe con la estructura
del lenguaje, no sólo utilizando palabras en otros idiomas o altisonantes, sino
también a través de una falta de puntuación, uso de guiones o eliminación de
los espacios. Costales García (2015) también asocia a Pasto Verde la
cuestión del dialogismo, pero ya no a través de la interacción de personajes,
sino en la adición de voces y discursos (literarios y no literarios) dentro de
la narración. Esto debido a que, a través de la novela, Epicuro hace referencia
a autores académicamente reconocidos, como Scott Fitzgerald o Quevedo, y a
canciones de rock, al igual que hace críticas a las costumbres de la época y
luego adopta dicho discurso sin ningún tipo de distinción, en lo que pareciera
otra forma de burlarse de ellas.
me enferma no sentirme libre y
en la vida nena hay que ser libres libres como el viento libres como los
pájaros y las abejas como los árboles y las flores […] Ya las veo devoradas por
las serpientes, mujeres deshonestas, os vais a ir al infierno por degeneradas,
ved cómo andáis vestidas, locas, maniáticas, cuasipluscuamprostitutas (García
Saldaña, 1968).
En cuanto a la crítica que hace García Saldaña, se
diferencia de sus contemporáneos por ser mucho más explícita, pues el flujo de
conciencia de Epicuro no tiene las restricciones que Menelao tuvo en su
remembranza de la juventud, sino que no teme nombrar instituciones e
ideologías, señalando sus mentiras e incongruencias. Por otro lado, también se
diferencia Pasto Verde por los temas que trata, mientras Gazapo y
La tumba hacían una crítica de asuntos concisos, Epicuro habla sobre
todo tipo de situaciones de la cultura mexicana, como el puritanismo o la
corrupción.
José Agustín, Gustavo Sainz y
Parménides García Saldaña fueron los principales exponentes de la ‘literatura
de la onda’, y pudo verse que los tres fueron capaces de representar a los
adolescentes con personalidades diferentes, pero siempre respetando los rasgos
que suelen asociarse con ellos, como la búsqueda de identidad de Gabriel, el
refugio en la colectividad de Menelao, o el descontento hostil de Epicuro. Los
tres protagonistas muestran un desencanto con la realidad en la que viven, pero
deciden expresarlo de distintas maneras, y es en estas formas que se reconoce
la importancia del discurso más que del contenido en estos autores, pues en
lugar de contar los reclamos de sus protagonistas de forma cronológica y
objetiva, decidieron hacer a la narrativa parte de la rebelión de los
personajes.
Es relevante destacar la
manera en que estas novelas van escalando en su subversión, los protagonistas
pasan de buscar una conexión, a resguardarse en ella, y a, finalmente, fracasar
y dejarla completamente de lado, prefiriendo hundirse en una individualidad
infranqueable. Por otro lado, mientras que la narración de Gabriel Guía es
irónica, pero relativamente organizada, la remembranza de Menelao es difusa, rompiendo
la cronología a favor de tener al lector inmerso en este mundo de recuerdos, lo
que llega a su punto culminante con Epicuro, cuyo flujo de conciencia en ningún
momento se preocupa por esclarecer los detalles de las situaciones, o
diferenciar lo real de lo imaginario.
Con relación a la crítica
social, también puede notarse un escalamiento en la forma y los temas que se
examinan, pues al inicio, aunque Gabriel critica la seriedad académica y el
descuido de los adultos, lo hace sólo de manera implícita, en momentos muy
específicos. Más adelante, Menelao se pregunta por el papel de los padres,
criticando que su involucramiento sólo sucede cuando detectan una amenaza
contra las ‘buenas costumbres’. Finalmente, Epicuro es quien habla más
explícitamente de estos temas, deconstruyendo la sociedad mexicana para señalar
directamente a las hipocresías del sistema.
Otro aspecto para contrastar
es cuán conscientes son de sí mismos los protagonistas, pues, mientras más
irónico pueda considerarse el personaje, más se reduce su capacidad de introspección
y conectividad. Menelao es probablemente quien presenta la percepción más
amplia de sus acciones y cómo influencian el mundo que lo rodea, lo que se
traslada a la habilidad de desarrollar vínculos más significativos, su relación
con Gisella es un ejemplo de ello. Son Gabriel y Epicuro quienes tienden perder
de vista su lugar en la sociedad, con Gabriel se denota de manera explícita,
mediante un sonido que crece en frecuencia y ruido, hasta que termina dejando
atrás a todos, pues es lo único en lo que puede pensar; con Epicuro es más
sutil, el más irónico de los protagonistas mantiene el distanciamiento con el
mundo hasta que las problemáticas lo alcanzan a él, es entonces cuando toda la
plática sobre la hipocresía se torna en vano, y decide refugiarse las creencias
de un sistema que siempre criticó.
Referencias
Agustín, J. (1964) La Tumba.
Debolsillo Mexico.
Costales García, D. (2015) ‘VOZ Y
POLIFONÍA EN PASTO VERDE DE PARMÉNIDES GARCÍA SALDAÑA’, in Revista Káñina.
XXXIX(2), pp. 25–40.
Enríquez Aranda, M.M. (2010) ‘LA
LITERATURA COMPARADA Y LOS ESTUDIOS SOBRE LA TRADUCCIÓN: HACIA NUEVAS VÍAS DE
INVESTIGACIÓN’, REVISTA ELECTRÓNICA DE ESTUDIOS FILOLÓGICOS. Available
at:
https://www.um.es/tonosdigital/znum20/secciones/tritonos-3-literatura_comparada_y_traduccion.htm
García Saldaña, P. (1968) Pasto Verde.
Viceversa.
Rodríguez Hernández, S. (1997)
‘Gazapo de Gustavo Sainz: diálogo y conflicto con la narrativa mexicana de los
60’, in Texto Crítico. Nueva época. Xalapa, Veracruz: Instituto de
Investigaciones Lingüístico-Literarias, pp. 84–90. Available at:
https://cdigital.uv.mx/bitstream/handle/123456789/7310/199745P83.pdf?sequence=2&isAllowed=y
Sainz, G. (1965) Gazapo.
Debolsillo.
Trejo Fuentes, I. (2001) ‘La
literatura de la onda y sus repercusiones’, Tema y variaciones de
literatura: literatura mexicana, siglo XX, pp. 203–210.
28/05/24
Comentarios
Publicar un comentario