Literatura Mexicana - Josefa Murillo

 (Guión para presentación que hice)


Esta poeta es un caso poco revisado, y las menciones que se han recopilado de ella en su época evidencian los moldes e ideas en los que se suele encasillarla. La imagen de la poeta ha sido muy romantizada, lo que también influenció su visión de su estilo y temática, en la conciencia general su poesía es caracterizada por su tristeza, reflexión y desencanto; de la misma manera, la poeta es vista como frágil, sensible, recluida y melancólica, la cual se ajusta al discurso dominante masculino de aquella época; lo que mueve a Murillo es el dolor, ella canaliza su sufrimiento para inspirarse en su poesía, lo que infiere un ciclo masoquista que refleja un gozo inconsciente del dolor y una búsqueda de la desilusión para escribir.


ASÍ

Elevóse en la orilla del arroyo

blanco jirón de gasa,

y al llegar a lo azul, desvanecióse,

cayendo en gotas de agua.

 

Mi esperanza de amor se alzó ligera

como esa nube blanca,

flotó un punto en el cielo de la dicha,

y se deshizo en lágrimas.

CONTRASTE

Sobre los troncos de las encinas

paran un punto las golondrinas

y alegres notas al viento dan:

¿Por qué así cantan? ¿Qué gozo tienen?

Es porque saben de dónde vienen

y a dónde van.

 

En este viaje que llaman vida,

cansado el pecho y el alma herida,

tristes cantares al viento doy:

¿Por qué así sufro? ¿Qué penas tengo?

Es porque ignoro de dónde vengo

y a dónde voy.

 

Hay una rígida imagen de la poeta que se ha construido, ignorando que hay más acerca de ella que sólo una mujer sombría y trágica, los versos irónicos y divertidos caen en el olvido. Josefa Murillo presenta rasgos característicos estereotípicos de las poetas de la época, pero también rasgos que la diferencian y personalizan, por ejemplo, la brevedad de sus poemas, o la manera en la que su estilo se define por su aislamiento geográfico.

Se ha hablado de las dos categorías del discurso femenino en el siglo XIX: condición y diferencia. La condición se refiere a la influencia del patriarcado, limitando temas, motivos, estilos y formas; a lo que se desarrolla bajo la condición, se le conoce como igualdad, en ésta hay una cercanía temática y formal con el modelo discurso ideológico masculino dominante, y muchas veces hay una preferencia a la recuperación y publicación de estos tipos de temas, así, las poetas tenían que manifestar en su escritura lo mismo que le exigían las normas sociales, no podían expresar sentimientos egoístas, deseos sexuales, ambigüedad moral, rebeldía contra la jerarquía social, temas que eran típicos para el género masculino. Para el patriarcado quedan dos opciones: excluir o encubrir.

La categoría de diferencia discursiva es en el que las poetas pueden subvertir la tradición, y hoy en día suele usarse para mostrar los rasgos encubiertos de diversas poetas, así es el caso de Josefa Murillo, quien utilizó alrededor de 5 seudónimos en la publicación de sus poemas para diferenciar las diversas personalidades que reflejaba; uno de sus sobrenombres era “Totoloche”, que hace referencia a una rama de árbol curtida en aceite, lo que la hacía flexible y resistente, y que suele usarse para castigar animales.

Uno de los poemas firmados bajo dicho seudónimo se titula “Don Pegote”, y habla de los protocolos sociales del siglo XIX que le causan incomodidad a la mujer, las situaciones son marcadas por los rituales domésticos, y la presencia de sensaciones e intenciones femeninas, que suelen ser silenciados.


DON PEGOTE

Ha llegado la hora del almuerzo,

sin poderlo evitar,

oye sonar los trinches y los platos

¡Y no se va!

 

Dan las once… la historia de los gringos

se dispone a empezar,

a las doce concluye; da la una,

¡Y no se va!

 

A las dos de la tarde: —“Don Pegote,

¿quiere usted almorzar?

Almorcé muy temprano, muchas gracias”.

¡Y no se va!

 

Ya salen del colegio los muchachos,

las tres han dado ya.

—“¿Comeremos, amigo? —No, yo ceno”.

¡Y no se va!

 

A las cuatro nos habla de su oficio,

(quién sabe cuál será);

a las cinco nos habla de su novia,

¡Y no se va!

 

A las seis y cuarenta: —“Si se empeñan,

me quedaré a cenar”.

¡Se ha invitado y es claro que se queda!

¡Y no se va!

 

Cenamos. —“Porque no se me aplique

el dicho de adiós Blas,

estaré otro ratito con ustedes”.

¡Y no se va!

 

La poeta no sólo habla de la irritación que Don Pegote genera, sino que también lo caracteriza por su verborrea, algo normalmente asociado al género femenino, de igual manera lo ridiculiza por no saber los pactos sociales de la época.

En su poema “Indecisión”, también firmado como “Totoloche”, no sólo se burla de un hombre, sino la forma en la que se solía cortejar a la mujer.


INDECISIÓN

Tres cartas tiene en las manos

Carlota, la hija de Inés;

las contempla, las revisa,

acaba y vuelve a leer…

¿Qué le dice cada uno,

o qué le dirán los tres?

Habla Carlota:

 

—El poeta

está triste… ¡pobre de él!

Y me lo dice muy claro:

Yo, sin ti, me moriré.

¿Y el marino?... ¡pobrecito!

aunque no escribe muy bien,

en esta vez se ha inspirado:

Yo, sin ti, naufragaré.

El militar… ¡cielo santo!

éste me hace estremecer…

siempre cumple su palabra…

¡Yo, sin ti, me mataré!

 

¡Y no puede ser

que quiera a los tres!

¿Qué haré?

 

¡Ay! Si el poeta se muere

me queda un remordimiento.

¿Y si el militar se mata?

¿Si naufraga el marino?

 

¡Y no puede ser

que quiera a los tres!

¿Qué haré?

 

Queriendo a cualquiera de ellos,

es claro que mato a dos…

¡Será tan triste que mueran

porque no tienen amor!

 

¡Y no puede ser

que quiera a los tres!

¿Qué haré?


Murillo se burla de la manera chantajista y amenazante con la que los pretendientes quieren obtener el amor de una mujer, también resalta que, aunque los tres hombres tengan ocupaciones diferentes, terminan expresándose de la misma manera, simbolizando que, a final de cuentas, no es un problema de individuos, sino un problema que tiene que ver con el sistema en general.

Bajo la personalidad de Totoloche, Josefa Murillo emplea un humor ingenioso, criticando los modelos masculinos con una mirada decididamente femenina, así quedando claro que la autora hizo mucho más que sólo canalizar su sufrimiento, incluso en poemas como “La Ola”, que se alinean más en la categoría de condición, Murillo se permite expresar enojo o molestia hacia su enamorado, de nuevo haciendo visible una emoción que solía esperar que fuera silenciosa.


LA OLA

Recuerda el tiempo que en la playa sola,

al ver la ola

que alumbraba el sol,

tú me dijiste que la mar un día

se acabaría

antes que tu amor.

 

Hoy que te busco por la playa sola,

No está la ola

Que alumbraba el sol;

Las olas mueren y tu amor no existe;

¡qué mal supiste

comparar tu amor!


Parte de esto puede explicarse debido al aislamiento geográfico de la autora, si bien podría decirse que es uno de los factores por los que no es tan conocida hoy en día, no podemos negar que también le permitió explorar diversos temas, lo que no hubiera sido posible si hubiera estado más en contacto con las grandes ciudades, con más oportunidades de publicar su trabajo, pero también con más restricciones sobre lo que podía escribir y la forma en la que podía hacerlo.

Josefa Murillo sobresale tanto en la categoría de condición, como en la de diferencia, cumple con las expectativas del patriarcado para después subvertir el discurso.



24/02/23

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