Redacción y composición - Ensayo 9
Lo que conlleva un nombre
“Los nombres son importantes porque dicen mucho sobre la
persona.
He tenido más nombres de los que nadie merece.”
-El nombre del viento, Patrick Rothfuss
¿Cuánto
poder piensas que tu nombre tiene sobre ti? Probablemente creas que no tanto,
al fin y al cabo, es algo que todos tenemos, necesario, pero mundano y
corriente, quizás incluso te llamen de alguna otra forma, apodos que llevan
afecto consigo, que tienen una historia detrás, el problema es que, en
realidad, los apodos también son nombres, palabras que nos distinguen de otros,
y que tienen la posibilidad de transformarse en algo más; ya sea que unan o
atrapen o liberen, los nombres tienen un poder sobre nosotros que normalmente
no admitimos, si no se tiene cuidado, dicha influencia puede volverse en
nuestra contra, y aun así, no hay nada más hermoso que ver lo mucho que nos
definen, lo mucho que nos delatan.
Cuando llegas
a un lugar nuevo, vienen los primeros encuentros, esos momentos en los que no
conoces a nadie a tu alrededor y te sientes solo e intimidado, pero los seres
humanos son sociables por naturaleza, y poco a poco, los extraños se convierten
en personas capaces de hacerte reír, personas que quieres seguir conociendo, es
entonces cuando viene el verdadero trabajo, ¿cómo te relacionas con una persona
que pertenece a otros? Empiezas llamándoles por su nombre, acostumbrándote a su
sabor en el paladar, asociando la forma en la que se mueven tus labios con las
líneas de su rostro, haces tuya a la persona cuando su nombre se siente como
una sonrisa en tu boca, más tarde llegarán los apodos, acompañados de sus
respectivas anécdotas, y serán la máxima expresión de que alguien se ha
convertido en parte de ti.
Después,
para aquellos afortunados, llegará un cariño sincero, y ¿qué opinas si te digo
que puedes llegar a conocer lo que alguien siente por otra persona según la
forma en que le llama? El nombre que utiliza, la forma en que lo pronuncia, la
historia que hay detrás, todo esto delata los sentimientos que intentan
esconder, sabes que alguien te gusta por lo mucho que te deleita decir su
nombre, por cómo puedes saborearlo y grabar en él la expectativa y la
esperanza, o, por el contrario, sabes que alguien te gusta por lo poco que
dices su nombre, porque hacerlo será confesarlo y temes que tu vista se nuble,
que no haya más remedio que caer.
Y claro
que caemos, solo que a veces no es por amor. La influencia que tienen los
nombres sobre nosotros puede usarse para lastimarnos, quizás no haya un ejemplo
mejor que el de las madres: cuando una mujer se casa y tiene hijos, es muy
fácil que se le aprisione en un cierto rol que debe cumplir, ella debe hacerse
cargo del manejo de la casa y de la crianza de los hijos, se lleva a cabo un
aislamiento, la mujer dejan su vida atrás para dedicarse a otros, ante los ojos
de los demás es la esposa de alguien, la madre de alguien, ahora es “mamá”,
ahora es “cariño”, es así como la persona que era independiente de su familia
es relegada al olvido, y así, cuando hayan pasado los años, se encontrará a sí
misma pensando “¿cuál era mi nombre?”.
Aunque,
del mismo modo que los nombres pueden ser una forma de atrapar a las personas
en un tipo determinado de vida, también pueden sirven para dejarla atrás,
adoptamos apodos nuevos y soltamos los anteriores, ya sea colocándolos
delicadamente en nuestro pasado, aceptando la nostalgia que desprenden, o
abandonándolos como a un cascarón vacío, disfrutando la falta de su peso en los
hombros.
Todos
tenemos un nombre, el cual, fundamentalmente, nos ata a lugares, vidas y
personas, si denota afecto o resentimiento o alivio, todo depende de la forma
en la que se use; las personas somos seres sociables por naturaleza, y es esta
necesidad la que nos hace vulnerables, sólo estando conscientes de lo mucho que
nos afecta algo tan común como un nombre, podemos ser cautelosos, y también
celebrar todo lo que nos desvelan del mundo a nuestro alrededor.
Una vez más, pregunto: ¿cuánto poder piensas
que tu nombre tiene sobre ti?
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